Nueve meses después de la reaparición de la peste porcina africana (PPA) en España, el virus sigue presente en jabalíes de Cataluña, pero continúa sin detectarse en explotaciones de porcino doméstico. Mientras tanto, algunos mercados que inicialmente cerraron sus puertas al producto español empiezan a recuperarse mediante acuerdos de regionalización.
La situación no está resuelta y los nuevos positivos registrados esta primera semana de septiembre recuerdan que la vigilancia sigue siendo necesaria. Pero estos meses permiten analizar algo que al comienzo del brote era todavía una incógnita: hasta qué punto es posible limitar también las consecuencias comerciales de una enfermedad localizada geográficamente.
La peste porcina africana sigue activa, pero localizada
La actualización del 3 de septiembre sitúa en 68 los focos detectados desde noviembre de 2025, con 384 jabalíes positivos.
Esta semana se han confirmado cinco nuevos positivos después de dos semanas sin nuevas detecciones. Todos se localizan dentro de la Zona Restringida II establecida en Barcelona y dentro del área delimitada para contener la enfermedad.
Frente a estos positivos, más de 11.000 animales han sido analizados con resultado negativo desde el inicio del episodio.
El dato especialmente relevante para el sector ganadero es que la peste porcina africana continúa sin detectarse en cerdos domésticos en España.
Esto no significa que el problema esté solucionado. La circulación del virus entre jabalíes obliga a mantener las medidas de vigilancia, bioseguridad y control de la fauna silvestre. Pero sí permite mantener una separación sanitaria entre el área afectada y el resto de la producción española.
Y esa delimitación tiene una consecuencia comercial directa.
Regionalizar para evitar un cierre generalizado
Tras la aparición de la peste porcina africana, España perdió su condición de país libre de la enfermedad. Esto puede bloquear las exportaciones a aquellos destinos cuyos certificados sanitarios exigen expresamente que todo el país esté libre de PPA.
La regionalización busca evitar precisamente que un foco localizado tenga automáticamente consecuencias sobre todo el territorio.
Dentro de la Unión Europea existe un sistema común de zonificación. En los mercados extracomunitarios, sin embargo, cada país comprador debe aceptar que los productos procedentes de las zonas españolas libres de la enfermedad puedan seguir entrando en su mercado.
No todos lo hacen ni las condiciones son iguales. Por eso, desde la aparición del brote, una parte importante del trabajo comercial y diplomático se está realizando país por país.
Filipinas permite ver claramente qué significa esto en la práctica.
Filipinas: de cerrar el mercado a aceptar la regionalización
Filipinas suspendió las importaciones de porcino español tras conocerse los primeros casos de peste porcina africana. En mayo, ambos países alcanzaron un acuerdo para reconocer la regionalización española y desde el 22 de mayo volvieron a poder emitirse certificados sanitarios para productos procedentes de zonas libres.
El asunto ha vuelto a ser noticia esta semana. El ministro de Agricultura, Pesca y Alimentación, Luis Planas, se ha reunido en Manila con el secretario de Agricultura filipino, Francisco Tiu Laurel, y la continuidad de las exportaciones españolas de porcino bajo este sistema ha formado parte de las conversaciones.
La importancia del acuerdo se entiende mejor con los datos: Filipinas representa más del 14 % del volumen de las exportaciones españolas de porcino y es el tercer destino exterior del sector. España es además su segundo proveedor, por detrás de Brasil.
Para Cárnicas Iruña, Filipinas tampoco es simplemente una cifra dentro de las estadísticas nacionales.
En los datos que publicamos en agosto de 2025, era nuestro principal destino exterior por volumen: habíamos enviado 221,28 toneladas al país, aproximadamente un tercio de las 682 toneladas exportadas durante el periodo analizado.
Conocemos, por tanto, de forma directa lo que supone que un mercado de estas características deje temporalmente de estar disponible.
El problema no es solo vender menos, sino dónde colocar cada pieza
Cuando se cierra un mercado exterior, el efecto no consiste únicamente en restar determinadas toneladas a las exportaciones.
Una sala de despiece trabaja con el animal completo. Una pata, una panceta, una papada, una cabezada o un lomo no encuentran necesariamente su mejor salida en el mismo país.
Los hábitos de consumo cambian enormemente de un mercado a otro. Productos con una demanda limitada en España pueden tener una salida mucho más importante en determinados mercados asiáticos.
Por eso, cuando uno de esos destinos desaparece, las piezas que estaban destinadas a él tienen que encontrar otro comprador.
Puede existir una alternativa en Europa, en España o en otro tercer país, pero eso no significa necesariamente mantener el mismo nivel de demanda, el mismo precio o la misma velocidad de salida.
Ahí aparece una consecuencia de la peste porcina africana que resulta menos visible que las cifras globales de exportación: un cierre comercial puede modificar el equilibrio económico del despiece completo.
Recuperar Filipinas mediante la regionalización no significa, por tanto, únicamente volver a sumar toneladas exportadas. Supone recuperar una salida dentro de un mapa comercial en el que interesa encontrar el destino adecuado para cada producto.
Un mercado exterior que necesita más alternativas
La experiencia de estos meses también refuerza otra realidad del porcino español: depender excesivamente de determinados destinos aumenta la exposición ante cualquier cambio sanitario, comercial o geopolítico.
Cuando un país cierra, otros mercados pueden absorber parte del producto. De hecho, durante 2026 estamos viendo cómo disminuyen algunos destinos mientras otros incrementan sus compras.
Pero esa sustitución nunca es automática.
Abrir mercados, mantener las homologaciones necesarias y diversificar destinos permite disponer de más alternativas cuando las condiciones cambian. La peste porcina africana ha hecho todavía más visible la importancia de esa flexibilidad.
La regionalización limita el impacto, no el riesgo sanitario
La situación actual exige mantener separadas dos cuestiones.
Desde el punto de vista sanitario, España continúa teniendo peste porcina africana. El virus sigue circulando entre jabalíes en la zona afectada de Cataluña y recuperar plenamente el estatus de país libre de la enfermedad requerirá tiempo y control epidemiológico.
Desde el punto de vista comercial, sin embargo, estos meses están demostrando que un foco localizado no tiene por qué traducirse necesariamente en el cierre de todos los mercados para todo el porcino español.
Filipinas es un buen ejemplo de ello.
La regionalización no resuelve un problema sanitario. Lo que permite es intentar que sus consecuencias comerciales no sean mayores de lo necesario.
Para quienes trabajamos en despiece y exportación, esa diferencia termina siendo muy concreta: determina qué productos pueden acceder a determinados mercados y qué piezas necesitan buscar una salida alternativa.

