La tecnología no sustituye la experiencia. La multiplica

23.06.2026

Automatización en la sala de despiece de Lumbier

La automatización ha transformado la industria cárnica en los últimos años. Hoy somos capaces de procesar más producto, trabajar con mayor precisión y mantener una regularidad que hace apenas unas décadas era impensable.

En nuestra planta de Lumbier, donde procesamos entre 200 y 300 cerdos al día, la tecnología forma parte del trabajo cotidiano. Los sistemas automatizados permiten realizar cortes homogéneos, reducir variaciones y responder a las especificaciones que exige cada cliente. Es una herramienta imprescindible para competir en un mercado cada vez más exigente.

Pero la tecnología solo alcanza todo su potencial cuando se combina con la experiencia de las personas que la utilizan y supervisan.

Después del corte empieza otra parte del trabajo

Cuando una máquina realiza un corte, ejecuta exactamente aquello para lo que ha sido programada. Lo hace rápido, de forma repetitiva y con una precisión difícil de igualar manualmente.

Pero el proceso no termina ahí.

Cada pieza debe cumplir unas especificaciones concretas según su destino. No es lo mismo preparar un producto para un distribuidor nacional que para un cliente de exportación. Las medidas son importantes, pero también lo son la presentación, el acabado o el cumplimiento de requisitos específicos acordados con cada mercado.

Por eso, después de la automatización sigue existiendo una labor fundamental de supervisión y control. Hay decisiones que no dependen únicamente de un programa informático, sino de la experiencia de las personas que conocen el producto y trabajan con él cada día.

Cuando los márgenes se reducen, la experiencia gana valor

En momentos de mercado complicados, como los que atraviesa actualmente el sector porcino, todas las empresas buscan mejorar su eficiencia. Es lógico. Cuando los márgenes se estrechan, cada mejora productiva cuenta.

La automatización ayuda precisamente a eso: permite optimizar procesos y mantener la competitividad. Sin embargo, es también en estos momentos cuando más valor adquiere el conocimiento acumulado de los equipos.

Cuando surge una incidencia, cuando un cliente plantea una observación o cuando aparece una situación que no estaba prevista, la respuesta rara vez se encuentra únicamente en los datos que muestra una pantalla. Muchas veces está en la capacidad de interpretar lo que está ocurriendo y entender por qué ocurre.

Esa capacidad se desarrolla con años de experiencia, conocimiento del producto y contacto diario con la realidad de la planta.

La innovación nace muchas veces de la experiencia

Existe la idea de que la innovación siempre llega de la mano de una nueva tecnología. En nuestra experiencia, las mejores mejoras suelen empezar mucho antes.

Un ejemplo reciente ha sido el trabajo realizado para optimizar el envasado de determinados productos destinados a Eroski. El objetivo era conseguir un sellado al vacío más fiable en piezas con zonas óseas especialmente delicadas, reduciendo el riesgo de perforaciones y mejorando la presentación final.

La solución incorporó innovación técnica y mejoras en el proceso, pero nació de algo mucho más sencillo: la observación diaria de quienes conocen el producto, identifican dónde aparecen las incidencias y entienden qué aspectos pueden mejorarse.

La tecnología permitió ejecutar la solución. La experiencia ayudó a encontrarla.

Tecnología y personas no compiten

A veces se plantea la automatización como si fuera una alternativa al trabajo de las personas. Nuestra visión es diferente.

La tecnología aporta velocidad, precisión y capacidad productiva. Las personas aportan criterio, capacidad de adaptación y conocimiento del producto.

Una máquina puede detectar parámetros definidos previamente. Una persona puede identificar una situación nueva que todavía no forma parte de esos parámetros. Una máquina puede repetir una tarea miles de veces exactamente igual. Una persona puede interpretar cuándo una situación requiere actuar de forma diferente.

Por eso creemos que la automatización no sustituye la experiencia. La complementa y la potencia.

La calidad sigue siendo una decisión diaria

La planta de Lumbier fue diseñada para responder a las exigencias actuales del mercado, incorporando automatización y procesos cada vez más eficientes. Pero la tecnología, por sí sola, no garantiza la calidad.

La calidad se construye cada día a través de cientos de decisiones que se toman durante el proceso productivo. Algunas las realizan las máquinas. Otras dependen del conocimiento y la experiencia de las personas que supervisan, verifican y mejoran continuamente cada operación.

Porque una máquina puede repetir un proceso miles de veces.

Saber cuándo algo es correcto, y cuándo simplemente parece correcto, sigue siendo una cuestión de experiencia.