Mañana, 23 de enero, se cumplen tres años desde que Cárnicas Iruña se trasladó a Lumbier. No es una fecha que celebremos como un hito puntual, pero sí un buen momento para parar y mirar atrás con algo de perspectiva.
Porque tres años después, Lumbier ya no es un proyecto ni una novedad. Es donde se decide cada día cómo se organiza el trabajo, cómo se mueve el género y cómo respondemos a la confianza de nuestros clientes. En este tiempo hemos pasado de “hacer encaje de bolillos” en Orkoien a trabajar en una planta que nos permite planificar por semanas y no solo apagar fuegos, sin perder el oficio de despiece que nos ha traído hasta aquí. Y no todo fue inmediato ni tan ordenado como parecía sobre el papel: los primeros meses exigieron más ajustes de los previstos.
Hoy, la planta ha cerrado el ejercicio con 3.000 toneladas/mensuales, frente a las 2.600 toneladas/mensuales con las que arrancó el año. La facturación se sitúa en torno a los 70 millones de euros, con un equipo directo de 150 personas en Lumbier. Cifras que hablan de crecimiento, pero también de consolidación.
De Orkoien a Lumbier: cuando el límite ya no era el trabajo
En Orkoien el problema no era la falta de actividad, sino el espacio. La sala y las cámaras se quedaron pequeñas para el volumen y para las exigencias actuales en seguridad alimentaria, bienestar animal y trazabilidad. El traslado a Lumbier nos dio una planta de 12.000 m², sobre una parcela de 23.000 m², pensada para separar flujos, facilitar controles y, sobre todo, para no trabajar siempre al límite.
Ese cambio se nota en cuestiones muy concretas que cualquiera del sector entiende. Hoy los despieces se organizan pensando en el plan de carga de la semana y en las ventanas de los clientes, no en si habrá hueco en la cámara o en el muelle. La planta trabaja a un ritmo habitual de 225 canales por hora, con procesos más optimizados que permiten mejorar costes y calidad de producto. La herramienta industrial acompaña mejor, pero el oficio en el cuchillo y en la línea sigue siendo el mismo.
Equipo y liderazgo: crecer también por dentro
El crecimiento de las instalaciones ha ido acompañado de un crecimiento claro del equipo. Pasar a 150 personas en plantilla directa no es solo una cuestión de números: obliga a cuidar la formación, la coordinación entre turnos y la forma de transmitir cómo se hacen aquí las cosas a quienes se incorporan.
En estos años también se ha producido un relevo importante en la dirección general. Daniel Mendióroz, al frente de la empresa durante casi una década, ha cedido el testigo a Andoni Andueza, que llegó en 2019 como técnico de calidad y fue asumiendo responsabilidades en operaciones y en planta antes de ponerse al frente. Ese recorrido interno se nota en el enfoque: construir sobre un proyecto que ya funciona, apoyarse en un equipo que conoce la casa y empujar el crecimiento sin perder la manera de trabajar que nos define.
Integración y grupo: una base más sólida para crecer
Las mejoras en instalaciones y la optimización de los procesos productivos han sido una palanca clara para el crecimiento comercial. Trabajar con mayor regularidad, con más estabilidad de volumen y con menos sobresaltos en el día a día permite planificar mejor y abrir nuevas puertas.
Hoy, la prioridad está clara: la prospección de nuevos mercados en exportación para seguir creciendo. La mejora en costes y en calidad de producto ha facilitado la apertura de nuevos destinos comerciales, y ese es uno de los ejes sobre los que se va a seguir trabajando en los próximos años.
Mirando hacia adelante, con los pies en el suelo
Tres años después del traslado, el foco ya no está en las obras ni en el cambio físico, sino en cómo se trabaja cada día y hacia dónde se quiere ir. El objetivo no es inventar otra empresa distinta, sino consolidar la que hoy opera desde Lumbier: seguir creciendo de forma ordenada, reforzar la exportación y aprovechar unas instalaciones y unos procesos que permiten competir mejor en mercados cada vez más exigentes.
Y hacerlo sin perder lo esencial. Porque aunque hoy haya más metros, más volumen y más destinos, el reto sigue siendo el mismo: hacer bien el trabajo cada día y seguir siendo reconocibles por ello.

