Cuando el mercado aprieta: tres años de la planta de Lumbier

17.06.2026

Equipo trabajando en la planta de despiece de Lumbier tres años después de su puesta en marcha

En enero de 2023 trasladamos nuestra actividad a Lumbier. Era un proyecto que llevábamos tiempo preparando. La planta de Orkoien se había quedado pequeña y necesitábamos una instalación capaz de responder a las exigencias de un mercado cada vez más competitivo.

La nueva planta supuso un cambio importante: 12.000 m² de instalaciones, un recinto de 23.000 m² y capacidad para pasar de 200.000 a más de 400.000 cerdos procesados al año. También nos permitió duplicar la capacidad productiva, pasando de 18 a 40 millones de kilos potenciales.

En aquel momento, el contexto acompañaba. Había demanda, había perspectivas de crecimiento y la inversión tenía todo el sentido.

Tres años después, el escenario es muy diferente.

Las inversiones se evalúan cuando llegan las dificultades

Las inversiones industriales siempre parecen acertadas cuando el mercado acompaña. La verdadera prueba llega cuando aparecen las dificultades.

El sector porcino atraviesa uno de los momentos más complejos de los últimos años. La presión sobre los precios, la incertidumbre internacional y la competencia entre mercados obligan a trabajar con márgenes más ajustados y a tomar decisiones cada vez más precisas.

Es en situaciones como esta cuando una inversión deja de ser un proyecto sobre el papel y demuestra su utilidad real.

Qué aporta hoy la planta de Lumbier

La planta de Lumbier fue diseñada para responder a las necesidades actuales del sector.

La automatización de procesos, los sistemas de trazabilidad, las certificaciones SAE e IFS Food y una instalación fotovoltaica que aporta aproximadamente un 35 % del consumo energético son elementos que ayudan a trabajar con mayor eficiencia y capacidad de adaptación.

Además, disponer de una estructura preparada para crecer permite organizar mejor la producción, adaptarse a las necesidades de cada cliente y responder con mayor agilidad ante cambios de mercado.

Sin embargo, ninguna instalación funciona por sí sola.

Lo que marca la diferencia es el equipo

Tres años después del traslado, el mayor valor de Lumbier no está únicamente en sus instalaciones.

Está en las personas que trabajan en ellas.

Durante los primeros meses hubo que adaptar procesos, ajustar procedimientos y familiarizarse con una nueva forma de trabajar. Es algo habitual en cualquier cambio de esta magnitud.

Hoy la situación es distinta. El equipo conoce la planta, domina los procesos y sabe detectar incidencias antes de que se conviertan en problemas. Esa experiencia acumulada permite reaccionar con rapidez, mantener los estándares de calidad y cumplir los compromisos adquiridos con cada cliente.

Y eso resulta especialmente importante cuando el mercado atraviesa momentos complicados.

Cumplir cuando las cosas se ponen difíciles

Cuando los mercados se tensan, la exigencia no desaparece.

Los pedidos siguen teniendo fecha de entrega. Los clientes siguen necesitando producto. La planificación, la logística y la cadena de frío deben seguir funcionando con la misma precisión que siempre.

Si un cliente espera una entrega para una fecha determinada, esa entrega tiene que llegar a tiempo. Independientemente de cómo esté evolucionando el mercado esa semana.

La diferencia está en la capacidad de respuesta.

Cuando surge una incidencia, contar con un equipo que conoce perfectamente los procesos permite resolverla con rapidez y minimizar su impacto.

La experiencia también impulsa la mejora continua

La mejora continua rara vez nace en una sala de reuniones. Normalmente surge en el trabajo diario.

Un ejemplo reciente lo encontramos en el envasado al vacío de costilla. En determinadas piezas, algunos bordes óseos especialmente afilados podían llegar a perforar el envase días después del sellado.

La solución no llegó desde fuera. Surgió del propio equipo, que conocía el problema porque lo veía repetirse en el día a día. A partir de esa experiencia se desarrolló un molde específico que permite evitar esas perforaciones y mejorar el resultado final.

Son mejoras discretas, pero tienen un impacto real en la calidad del producto y en el servicio al cliente.

Tres años después

Tres años después del traslado, la planta de Lumbier ya no es solo una inversión ni una instalación moderna.

Es una forma de trabajar.

Es un equipo que conoce su oficio, unos procesos consolidados y una estructura preparada para responder cuando el mercado se vuelve más exigente.

En el sector cárnico, las inversiones se ponen a prueba cuando el mercado aprieta. Tres años después, Lumbier sigue demostrando por qué fue una apuesta de largo recorrido.